Ante la situación de crisis que sufre el sector agrícola y ganadero hoy 21 de octubre salimos a la calle porque ya estamos cansados de promesas vacías, de normas que nos asfixian y de políticas que se olvidan de quienes realmente sostienen el medio rural. Los agricultores y ganaderos llevamos demasiado tiempo soportando precios injustos, una burocracia interminable y decisiones que se toman desde los despachos, sin escuchar a los que trabajamos la tierra y cuidamos el ganado.
Nos movilizamos porque queremos futuro, rentabilidad y dignidad para nuestro campo. Queremos una PAC justa y útil, que apoye a quienes viven del trabajo agrícola y ganadero; precios que cubran nuestros costes; y unas administraciones que asuman su responsabilidad sin echar balones fuera. Es hora de que cada una cumpla con su parte y se implique de verdad.
Hoy no pedimos, exigimos respeto, soluciones y compromiso real con el sector primario. Porque sin agricultores ni ganaderos, no hay comida, no hay pueblos, y no hay futuro.
Tenemos una Ley de la Cadena Alimentaria que sobre el papel suena perfecta y se vende muy bien, pero la realidad del campo demuestra todo lo contrario. Día a día vemos cómo se incumple, cómo se manipulan los precios y cómo se pisotea el trabajo de los productores: la lonja del cereal, el precio de la uva, la caída del precio de la patata y de la leche son solo algunos ejemplos de un sistema que no está funcionando y que exige medidas reales, no promesas vacías.
Un ejemplo muy claro lo tenemos aquí mismo: esta media fanega de trigo, que pesa 21 kilos, se paga al agricultor a 4 €. Con ella se elaboran unas 80 barras de pan que en el mercado cuestan 80 €. ¿Dónde quedan las ganancias? Y como este otros muchos ejemplos…
Un punto clave que no podemos seguir tolerando es la falta de control en las importaciones. Las administraciones deben aplicar de una vez las cláusulas espejo a todos los productos que entran en la Unión Europea desde fuera: control en frontera y certificación en origen. No puede ser que a nosotros se nos exijan unos estándares altísimos mientras se permite la entrada de productos que no los cumplen. Queremos competir en igualdad de condiciones, no con las manos atadas.
Nos indigna que los agricultores y ganaderos seamos siempre los que pagamos los platos rotos. Estamos a merced de los que compran y venden, que nos imponen los precios tanto de lo que producimos como de lo que necesitamos para producir, sin dejarnos margen ni poder de negociación.
Mientras tanto, los americanos nos castigan con aranceles al vino y la Unión Europea encarece el precio de los fertilizantes con aranceles a los rusos. Nos dan por un lado y por otro, y siempre acabamos perdiendo los mismos: los que trabajamos la tierra y cuidamos el ganado.
Por desgracia, la PAC sigue siendo el salvavidas de muchas explotaciones de Castilla y León, llegando a suponer hasta el 30% de sus ingresos. Los agricultores y ganaderos queremos seguir creyendo en nuestro sistema productivo, pero para eso necesitamos algo fundamental: rentabilidad real en nuestras explotaciones. Y eso pasa no solo por lograr precios justos, sino también por construir una PAC que de verdad sirva al campo y no lo hunda más.
Tanto las administraciones regional, nacional y parlamento europeo, como la mayoría del sector coincidimos: la propuesta de reforma presentada por la Comisión Europea no nos vale. Por eso exigimos al PP y al PSOE que frenen esta reforma y se sienten a trabajar en una PAC que responda a las necesidades reales del campo.
Nuestras propuestas son claras y de sentido común:
- Ayudas de la PAC prioritarias para los Agricultores a Título Principal (ATPs), los que viven realmente del campo.
- Mantener el sistema actual de dos pilares, que ha demostrado ser el más equilibrado.
- Aumentar el presupuesto para poder afrontar los nuevos retos y garantizar la viabilidad de las explotaciones.
- Una normativa más sencilla, objetiva y adaptada a la realidad, que deje de imponer criterios absurdos. No podemos sembrar legumbres donde no se dan, ni girasoles donde no prosperan.
- Una simplificación real de la burocracia: menos papeles, menos pantallas y más tiempo para trabajar la tierra y cuidar el ganado.
El campo no necesita más palabras vacías ni reformas impuestas desde los despachos de Bruselas, Madrid y Valladolid: necesita decisiones valientes, justicia y respeto para quienes lo sostienen día a día.